Sobre Liderazgo para OMEL reunion mayo 2024
Reflexión sobre el Liderazgo en la Iglesia Luterana del Perú
Saludos en nombre de la Iglesia Luterana del Perú a las iglesias luteranas presentes y al equipo de OMEL de la iglesia alemana que nos acompaña en este día.
Agradezco la invitación para compartir sobre el tema de liderazgo y las experiencias desarrolladas en la Iglesia Luterana del Perú.
Como iglesia llamada a compartir las Buenas Nuevas y ser una voz profética en medio de nuestro contexto social, económico, cultural y religioso, la ILP sigue los lineamientos del amor a Dios y al prójimo, escuchando y dialogando en los diversos contextos y tiempos que nos ha tocado vivir como pueblo de Dios. Durante y después de la pandemia de COVID-19, la iglesia se organizó para dar continuidad a los encargos de la Asamblea y responder a los desafíos del momento. La muerte de la Pastora Presidenta Adita Torres y la enfermedad del Pastor Pedro Bullón, vicepresidente de la ILP, fueron momentos de prueba, pero también de renovación.
El liderazgo joven de la ILP fue crucial para mantener las actividades de la iglesia. Se reinventaron maneras de trabajar en los proyectos, utilizando los dones y talentos al servicio de la comunidad. Fue un nuevo comienzo para nosotros, marcado por la creatividad y la dedicación de nuestros jóvenes.
El liderazgo consistió, y sigue consistiendo, en guiar con esperanza, ofrecer contención y buscar alternativas para desarrollar la misión de la iglesia. Esto abarca desde la misión y evangelización hasta la diaconía y el servicio a personas locales y migrantes, sin olvidar la capacitación y empoderamiento de nuestros líderes y lideresas.
Resurgir en tiempos de pandemia y reorganizar la iglesia, pidiendo la dirección de Dios a través de la oración, fue seguir las enseñanzas de Jesús. Cada acción centrada en la Palabra nos motiva a servir con pasión y dejarnos guiar por el Espíritu de Dios. Reflexionamos sobre la muerte y la resurrección, recordando que somos bendecidos por la gracia de Dios, la cual nos desafía a no quedar estáticos, sino a caminar junto al hermano y la hermana, fortaleciendo la comunión de creyentes y colaborando con otras iglesias hermanas.
¿Cómo aseguras de que en tu iglesia se escuchen las voces de los distintos grupos?
Partimos del principio de que todos somos llamados y llamadas a ser partícipes de anunciar el mensaje liberador de Dios, independientemente del género, raza o edad. El liderazgo, a cargo del Consejo Directivo, la Conferencia Pastoral y líderes capacitados, está comprometido en garantizar que los diferentes programas y ministerios de la iglesia respondan a la visión y misión de la iglesia.
Para asegurar que se escuchen las voces de todos los grupos, implementamos varias medidas concretas. Nuestra constitución establece que el Consejo Directivo debe estar compuesto por un 50% de mujeres y un 50% de varones, asegurando que ambos géneros tengan una voz significativa en la toma de decisiones. Además, incluimos la participación de jóvenes para garantizar que sus perspectivas también sean consideradas. Organizamos reuniones pastorales y encuentros periódicos donde líderes y lideresas de diversas congregaciones pueden compartir sus experiencias, preocupaciones y propuestas. Estos espacios de diálogo abierto permiten una retroalimentación constante y la incorporación de diversas perspectivas en nuestras actividades y programas. Regularmente evaluamos nuestras acciones y renovamos nuestro compromiso de ser una iglesia inclusiva. Realizamos encuestas y reuniones de evaluación con la feligresía para asegurarnos de que sus necesidades y opiniones sean escuchadas y consideradas en nuestra planificación.
Fomentamos la capacitación y el empoderamiento de líderes y lideresas de diferentes grupos. Ofrecemos talleres y programas de formación que abordan temas de liderazgo inclusivo, comunicación efectiva y trabajo en equipo, para que todos los miembros puedan contribuir de manera significativa.
Desarrollamos ministerios y programas específicos para diferentes grupos dentro de la iglesia, como jóvenes, mujeres, varones y personas mayores. Estos programas están orientados a abordar las necesidades particulares de cada grupo y asegurar que todos se sientan valorados y escuchados.
Junto al liderazgo de la iglesia, acompañamos a la feligresía, evaluamos nuestro accionar y renovamos el compromiso como iglesia de ser una iglesia inclusiva, fomentando la identidad cristiana del amor a Dios y al prójimo. Planificamos acciones de acuerdo a la Visión de la iglesia, con el objetivo de continuar su crecimiento y fortalecer la fe en nuestros corazones. Recordamos que todos somos llamados y llamadas a extender el mensaje de salvación a toda la tierra, y esta es nuestra misión: constituirnos como una comunión de fieles en Cristo, cuyo propósito es facilitar y acompañar a la iglesia en su labor de evangelización, siendo luz y sal en el mundo.
Consideramos el contexto, el tiempo y lo que queremos transmitir del amor de Dios. Como dice el apóstol Pablo: "Si no tengo amor, todas mis capacidades, aunque sean excelentes, no valen nada" (1 Cor 13:1s.). Debemos sentir este amor para lograr compartir la misión y el amor de Dios en la iglesia, tanto al interior como hacia afuera, teniendo a Jesús y a los discípulos como ejemplo de liderazgo.
¿Cómo contrarrestar la acusación de que se esté distorsionando el Evangelio si se permite la diversidad en todas sus formas?
Para contrarrestar la acusación de que permitimos la diversidad y distorsionamos el Evangelio, es fundamental abordar este tema con un espíritu de escucha y reflexión, siempre anclados en la Palabra de Dios.
Como iglesia, partimos de la convicción de que todos somos creados a imagen y semejanza de Dios, como nos recuerda Génesis 1:26. Esto significa que cada ser humano refleja la imagen divina y merece ser tratado con amor y respeto. Jesús mismo nos enseñó a proclamar las Buenas Nuevas a todas las personas sin distinción, y en Mateo 28:19, nos encarga hacer discípulos de todas las naciones. Este mandato subraya la universalidad e inclusividad del mensaje de Cristo.
En nuestra comunidad, fomentamos un espíritu de escucha y diálogo. Organizamos encuentros y talleres donde líderes y feligreses pueden compartir sus experiencias y reflexionar sobre las enseñanzas bíblicas. Utilizamos la hermenéutica bíblica para proporcionar herramientas que nos ayuden a entender que la inclusión es coherente con el mensaje de Cristo. Estos espacios de diálogo abierto permiten una retroalimentación constante y fortalecen nuestra comprensión de la Palabra de Dios.
Mantenemos una comunicación constante con nuestra feligresía, abordando las preocupaciones y preguntas de la comunidad sobre la diversidad. Explicamos que, en Cristo, todas las barreras se derriban, como nos dice Gálatas 3:28: "Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús." Esta unidad en Cristo nos llama a aceptar y amar a todos, reflejando el amor inclusivo de Jesús.
Además, expresamos nuestro posicionamiento como iglesia. Reafirmamos nuestro compromiso con la misión inclusiva de Jesús y actuamos conforme a esta visión. La comunión de iglesias luteranas a la que pertenecemos nos recuerda que somos parte de un cuerpo más grande, comprometido con la gracia y la libertad de Dios. Actuamos conforme a esta visión, recordando siempre las enseñanzas de Jesús y su amor incondicional por todos y todas.
En nuestra práctica diaria, promovemos la inclusión a través de nuestros ministerios y programas. Desarrollamos iniciativas específicas para diferentes grupos dentro de la iglesia, como jóvenes, mujeres, varones y personas mayores. Estos programas están diseñados para abordar las necesidades particulares de cada grupo, asegurando que todos se sientan valorados y escuchados.
¿Cómo es la iglesia de tus sueños?
La iglesia de nuestros sueños es una comunidad comprometida, resiliente y espiritualmente enriquecida, preparada para enfrentar los desafíos presentes y futuros. Soñamos con una iglesia que sea un faro de esperanza y amor en medio de un mundo que a menudo enfrenta el fundamentalismo, la violencia y la injusticia. Queremos ser una iglesia que se levante con fuerza ante la violencia hacia mujeres y niñas, trabajando incansablemente para crear espacios seguros y de apoyo en nuestras comunidades. Soñamos con una iglesia que sea sustentable, con más líderes pastorales bien capacitados y motivados para llevar la misión de la iglesia a todos los rincones de nuestro país. Queremos ver a nuestras congregaciones y comunidades de fe creciendo en número y en espíritu buscando una vida digna para todos y todas, fortalecidas por una fe inquebrantable en Dios. Imaginamos una iglesia donde cada miembro, sin importar su edad o género, se sienta llamado a servir y a participar activamente en la vida de la iglesia.
Para alcanzar esta visión, es esencial la capacitación continua de nuestros líderes. Soñamos con un acceso amplio a becas y programas de formación a través del Instituto Teológico Luterano (ITEL) y otros institutos luteranos de la región. Queremos fomentar una cultura de aprendizaje y desarrollo constante, asegurándonos de que nuestros líderes estén bien preparados para guiar a sus congregaciones con sabiduría y compasión. Además, deseamos una iglesia donde el voluntariado sea una expresión natural de nuestra fe y compromiso con Dios. Imaginamos congregaciones vibrantes donde cada miembro se sienta empoderado para contribuir con sus dones y talentos, trabajando juntos para llevar el mensaje de amor y salvación a nuevas comunidades y barrios. Finalmente, soñamos con una iglesia que sea un modelo de resiliencia. Sabemos que el camino no siempre será fácil, y que la realidad social y económica puede presentar desafíos. Sin embargo, creemos que, con la gracia de Dios y el apoyo mutuo, podemos superar cualquier obstáculo. Queremos ser una iglesia que inspire esperanza, que brinde apoyo en tiempos de necesidad y que siempre busque maneras innovadoras de servir a Dios y a nuestros prójimos.
¿Qué te impide hacer realidad este sueño?
Para ser una comunidad resiliente y alcanzar la iglesia de nuestros sueños, debemos enfrentar varios desafíos que nos impiden avanzar plenamente. Uno de los principales obstáculos es el tiempo. La realidad social y económica afecta la vida de cada familia en nuestra congregación. Muchos miembros tienen horarios limitados debido a sus trabajos y responsabilidades personales, lo que reduce su disponibilidad para participar activamente en las actividades de la iglesia. Esto es especialmente evidente entre los jóvenes, quienes, en su búsqueda de metas personales y profesionales, a menudo encuentran difícil comprometerse plenamente con la vida congregacional, excepto durante las vacaciones cuando son más activos.
Otro factor importante es el aspecto económico. Gran parte de nuestros integrantes tiene trabajos eventuales y en diferentes horarios, lo que dificulta su compromiso constante. La planificación de encuentros y talleres debe tener en cuenta estos horarios para lograr una mayor participación. Además, la falta de recursos económicos puede limitar la capacidad de algunos hermanos y hermanas para aceptar roles de liderazgo o participar en programas de formación y capacitación.
El contexto político y social del país también representa un desafío significativo. La falta de asistencia económica, social y de salud a los sectores más empobrecidos afecta profundamente a nuestras comunidades. Los incrementos en los costos de la canasta básica y la precariedad laboral son realidades que muchas familias enfrentan diariamente.
En este contexto, la iglesia se organiza para ser resiliente, pero reconocemos que hay mucho por hacer. Es necesario unir esfuerzos, aprender de experiencias exitosas y crear redes de apoyo para acompañarnos en la misión.
A pesar de estos desafíos, seguimos motivados y comprometidos con nuestra visión. Creemos firmemente que, con la gracia de Dios y el apoyo mutuo, podemos superar estas barreras. La clave está en la motivación, sensibilización y capacitación de más personas en nuestras congregaciones. Debemos encontrar maneras creativas y efectivas para involucrar a todos los miembros, especialmente a aquellos con limitaciones de tiempo y recursos. Fomentar una cultura de voluntariado y servicio es esencial para fortalecer nuestra comunidad y avanzar en nuestra misión.
Aunque enfrentamos desafíos significativos, nuestra fe y determinación nos impulsan a seguir adelante. Con la ayuda de Dios y el esfuerzo conjunto, trabajaremos para hacer realidad la iglesia de nuestros sueños, una comunidad resiliente, inclusiva y dedicada a la misión de llevar el amor y la esperanza de Dios a todos los rincones de nuestra sociedad.
Firmes en Nuestra Fe
A lo largo de esta reflexión, hemos compartido el compromiso de la Iglesia Luterana del Perú con un liderazgo inclusivo, la importancia de escuchar todas las voces y cómo enfrentamos los desafíos de permitir la diversidad. Soñamos con una iglesia resiliente y espiritualmente enriquecida, preparada para enfrentar los desafíos del futuro. A pesar de las dificultades, nuestra fe y determinación nos impulsan a seguir adelante, confiando en la guía de Dios.
Como dice el apóstol Pablo en Filipenses 4:13: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Que esta verdad nos inspire a continuar nuestra misión con esperanza y amor, siendo siempre una luz en el mundo.
Lima, 29 de mayo de 2024.
Pra. Ofelia Dávila